
Bienvenido a la cárcel placentera. Se preguntará quizás el lector porque hablo de reclusión si ni siquiera lo conozco a Ud ni a sus actividades, ni virtudes y mucho menos defectos. Pero permítame deducir que si está leyendo estas líneas, ya es parte de un culto virtual que nos envuelve y no nos deja libres aunque pugnemos por salir diariamente.
Estoy hablando de WHATSAPP obviamente, una forma de virtualidad comunicacional que se adueñó de nuestras voluntades. Se me dirá que nadie es esclavo si puede elegir no serlo, pero sospecho que hay un masoquismo moderno que nos contiene disfrazado de conveniencia. Es indudable que estar comunicado es beneficioso para el desarrollo del ser humano, pero me pregunto si todas las formas de relación en este sentido son buenas. La sobre comunicación, pasar el límite de lo que necesitamos saber o aprender nos presiona y desestabiliza. Digo presión porque recibir información que no necesitamos, aunque nos esforcemos por evitarla actúa en nuestras mentes y nos da impulsos por acceder y conocerla. Y es aquí donde comienza a afectarnos. En un lugar donde creemos que somos los controladores, salvo raras excepciones, este elemento se ha convertido en el dueño, el poseedor.
Estamos todo el día pendiente del teléfono y de esos sonidos que nos avisan que alguien ha enviado un mensaje. Decimos que queremos dejarlo por un rato pero si no suena vamos hacia él y chequeamos que no haya llegado un mensaje sin darnos cuenta. Porque asumimos que si en un rato nadie envió nada, algo está mal, o lo hemos dejado en vibrador, o no lo oímos o hay algún otro problema, porque una hora es mucho, alguien tiene que haber enviado algo. Y así nos pasamos el día entrando y saliendo, leyendo y borrando, o en muchos casos pensando en lo que creemos que sucedió contra lo que sucedió realmente, dura pugna entre la nuestros pensamientos y la realidad. Y WHATSAPP colabora en esta lucha, yo diría que la acrecienta con sus herramientas, su configuración, su forma de ser si se quiere.
Cuando entran a jugar LOS TILDES en la cabeza, todo se torna raro. Tratamos de dilucidar si leyó nuestro mensaje, si lo recibió, si no se conectó, si lo hizo pero no quiere responder, o no le interesa, o tiene otra cosa que hacer. Y todo lo justificamos con la mente, que a veces como decía, juega muy en contra. Porque creemos lo que nos viene mejor según el día que tenemos. Si es positivo, creemos que lo leyó pero no tuvo tiempo de responder y ya lo hará, o que no le llegó, o que no se conectó, que no es con nosotros el tema, sino que está haciendo otras cosas, o no le funciona el teléfono, o se quedó sin batería. Todo responde a la forma en que necesitamos verlo.
Pero si estamos en uno de esos días en que todo lo vemos mal, agarrate Catalina! Creemos que ya no nos ama o perdió el interés, o nos va a rechazar como proveedores porque consiguió uno mejor o se enojó por algo que dije o que no dije y las mil variantes que divagan en nuestro pensamiento.
Podemos hasta imaginar quizás que hemos escrito algo que no tenía sentido y vamos a perder así su consideración. Y miramos también si se conectó, cuál fue su ÚLTIMA CONEXIÓN, y así seguimos deduciendo, está con otra, no le gusto más, me está por patear, o si es mi jefe me va a echar, ya no es inteligente lo que se lee de mí, tengo que cambiar, si, eso, hay que cambiar, WHATSAPP me lo está demostrando!
Si está EN LÍNEA pero no me responde, también lo vemos mal. Quien se cree que es? Como me hace esto a mi? No le escribo más! El borde del abismo, la finalización de lo que se daba, toda la carga que queramos ponerle la tendrá, será inevitable. Y luego quizás vengan los reclamos, reproches, enojos y hasta decisiones drásticas provenientes de ese momento. Un instante efímero y a veces sin justificación real define las cosas.
Pero luego de tantas elucubraciones vemos que ESTÁ ESCRIBIENDO y ahí nos vuelve el alma al cuerpo. Me está respondiendo, dale, buenísimo, lo espero! Pero al final esto no sucede y no escribe más, se detuvo, no envía ese mensaje y todo queda en la nada. Otra vez lo negativo, otra vez pensamos que algo está mal, que no le interesamos, que nada está bien, que perdió el interés, que mi jefe no me banca, etc, etc.
WHATSAPP también se metió en nuestro lenguaje cotidiano. Se acuñó un concepto en la sociedad, que refleja el desinterés que una persona puede mostrar por otra: ME CLAVÓ EL VISTO, que significa que vio lo que escribí pero le resultó de igual interés que la vida de los osos blancos en Groenlandia. Clavar el visto está tomado como una afrenta, como el mayor de los desintereses y que claramente nos trasporta a un momento no deseado. Imagine el lector el efecto que esta situación puede tener en un adolescente cuyo escenario del primer amorío se desarrolla sobre esta aplicación. Puele tener efectos devastadores.
El AUDIO o la nota de voz permite simplificar cuando uno no tiene muchas ganas de escribir o cuando está haciendo otra cosa. En los primeros momentos la duración estaba limitada a un minuto, pero en la actualidad se pueden enviar de cualquier dimensión, lo que aumenta el nivel de problemática. Para mucha gente se convierte en diálogo pero con un gran componente unilateral. Uno dice todo lo que quiere, no importa mucho el otro, sino contar lo que te está pasando, lo que necesitás decir y la vuelta de esto suele ser contradictoria, porque a audios muy extensos, respuestas poco considerables. Supongo que esto es una desviación de la idea base de la comunicación por este medio, o una especie de amplificación no deseada, dado que la aplicación inició siendo una variante un poco más agrandada del mensaje de texto.
Hay más, por ejemplo, LOS GRUPOS y toda la cultura creada desde y con ellos.
Te lo contamos en la próxima columna de Zoocialink, estate atento!
Walo Catone, Zoocialink Marketing Digital